miércoles, 26 de abril de 2017

Verdad a medias. Media mentira

Ésta es una historia huerística para adultos. Hay cuentos para matematizar la vida; hay emisores que evitan decir la verdad y hay receptores que se afanan al desafío de descubrir, pero en la conciencia de que saber será, sin duda, una verdad a medias, o una media mentira. Veamos.
Tomemos la medida del tiempo para cumplir una promesa largamente postergada. El tiempo en horas y en minutos para efectuar la entrega, es decir, la aventura. 
El sujeto parte a las 8.30 , va hacia B y regresa al punto de partida a las 13.30, confirmando a los personajes secundarios de esta historia, que la entrega se realizó exitosamente en el lapso de 30 minutos. El recorrido va desde  un punto A al punto B y el regreso, desde B a A, debiendo pasar por dos puntos geográficos de la zona, antes de llegar al objetivo.
Así es que sale a las 8.30 pero a los 5' de caminata, debe volver sobre sus pasos, porque ha olvidado la tarjeta para tomar el bus. Va hacia la parada y espera 30'. Es domingo y los buses pasan cada hora. La caminata posterior hacia el destino B, para realizar la entrega, dura 30'. Desde B, regresa a A, siendo las 13.30.
Como ayuda memoria, ¿podrías realizar una recta numérica determinando horas y minutos y considerando partida, retorno, nueva partida, un trasbordo, tiempo de caminata y regreso? Es conveniente verificar si el recorrido para el regreso es por la misma ruta o se utilizan vías de escape.
A continuación, marcar con una cruz la medida temporal que consideres correcta para el lapso de entrega:
                                                    -10.20 a 10.50
                                                    -10.30 a 11
                                                    -10.40 a 11.10
Cabe consignar que el sujeto encargado de efectuar la entrega es varón. No hay datos sobre el sexo del sujeto que recibe la entrega. Preguntarse si se trata de una entrega abstracta o concreta. Si fuera el primer caso, se trataría de un encuentro de miradas, de pensamientos, de conversación escueta e informativa; en el segundo caso, la entrega es física de cuerpos con culminación líquida. Tener en cuenta el clima emocional y el tono que se percibe en el trayecto de regreso: sentimiento de vacuidad, de tarea cumplida por el varón, o por el contrario, sensación en ambas partes, de plenitud e intensidad.
Otra digresión: en la escritura moderna, los finales suelen ser abiertos y el lector decide cada desenlace, según las pistas dadas. En este caso, el lector deberá crear la trama, es decir, la relación entre A y B, la categoría de la encomienda a ser entregada, la descripción del ambiente exterior y el ámbito interior, así como las emociones de los personajes. Claves de etiquetas: aventura amorosa, clandestinidad, sexo, ansiedad en la espera hasta la concreción del encuentro y los sentimientos de ambos, luego de cumplirse el cometido.
El desafío está planteado. La consigna del taller de escritura en el día de hoy deberá cumplirse en 60'.

viernes, 31 de marzo de 2017

¡A los bifes!

Es inminente el arribo a nuestra ciudad del "papichulo" limeño. Vale la pena destacar que "papichulo" es una palabra aceptada recientemente por la R.A.E., cuyo significado es hombre-objeto de deseo; el susodicho es escritor y destacada catedrático de Matemática y de los juegos literarios, matemáticos y juegos de seducción, entre otros. 
Gran contienda gran. Hoy. Se abren las apuestas. El evento se realizará hoy en el reñidero de barro del Club Libertad. Se enfrentarán en lucha libre a dos rounds en primera instancia, las "pesos livianos" M.P.V. y R.J. En segunda instancia, las "pesos pesados" G..P. y una desconocida en la zona de gran trayectora en estas lides, P.G., alias "Punto G". 
Las atletas pertenecen al ámbito de la pseudo-cultura. "Cultura de sobaco" le dicen, son las que transitan los claustros universitarios con libros debajo del brazo, en busca de pareja, o al menos, pretenden ascender un peldaño en la escala social. Poco seso, mucho músculo. Competirán por el premio "A lo que dé", según dijeron en el reportaje para la Revista "Boxing, lucha y aledaños". 
Entre las condiciones y requisitos se menciona: La contienda durará 10'. Todo vale. Las contrincantes deberán ingresar al cuadrilátero con las uñas perfectamente cortadas. Está permitido el baño de aceite de coco, importado de Costa Rica. El premio será una noche de amor con el objeto de deseo arriba mencionado.
Las entradas ya están agotadas; la platea femenina se apresuró, sin duda. Fueron vendidas en el Centro de Escritores y en la cátedra de Matemática II de la facultad de Ciencias Agrarias; lo recaudado se destinará para fomentar actividades de promoción de la lectura, la comprensión lectora, los juegos matemáticos y el pago de becas a los estudiantes más destacados.
En ocasión de este viaje a nuestro país, el escritor fue abordado por periodistas de diferentes ramas, las letras, las ciencias y el boxeo, ámbitos en los que se desempeña. Este último, desarrollado activamente en sus años mozos. Un individuo aún joven, de estatura mediana, buena estampa, diríamos. Un rostro andino modelado por el viento de las alturas, pero suavizado por las mieles de la cultura. De ojos color café, un tanto suspicaces. Cabeza más grande que lo normal; cejas anchas e incipientes "entradas" en la cabellera abundante, pero prolija. Sonrisa que cautiva, labios gruesos. Se adivina una contextura fuerte debajo del terno gris. Una corbata azul nos habla del cuidado estilo en el vestir. En fin, todo músculo y fibra pero con la ternura indefensa y la intensa pasión por lo que hace. 
Se dispone a la entrevista con buen ánimo y en su voz cascada y ronca, aunque cálida, podemos descubrir los oyentes, un pasado difícil, tal vez sórdido, aventurero de la "universidad de la calle". Tras las respuestas inteligentes y un lenguaje apropiado a las circunstancias del coloquio, se devela un cultor de las buenas lecturas y de mucha academia. Preguntado por sus actividades en el ámbito educativo, puede descubrirse la verdadera pasión por enseñar.
Puede observarse, cvuando se mira detenidamente su rostro (las cámaras están haciendo un primer plano) las huellas de su pasado pugilístico.
-¿Qué puede decirnos al respecto?
-Es así, la nariz chueca se debe a una pelea callejera en los suburbios de Lima cerca del Callao, en mi adolescencia.
-Hemos sabido que usted admira la Argentina y especialmente la Patagonia. ¿Qué actividades desarrollará próximamente?
-Serán charlas, conferencias y talleres sobre la pedagogía, estrategias para aprender Matemática jugando, la promoción de mi libro donde se explica la teoría , la presentación de mi última novela, compartir con amigos, y demás...
-Intuyo que en el "demás" están incluidas las mujeres. ¿Qué puede comentarnos?
.Las mujeres argentinas son muy bellas, elegantes, inteligentes y audaces... y me gustan todas. -Un guiño y una sonrisa nos abarca en un abrazo.
Me quedo pensando cuál será la reacción de muchas que están esperándolo. Si unas utilizan la fuerza física y la violencia para obtener lo que desean, otras despliegan un arsenal de estrategias que andan por la frontera de la moral, lo estético o lo inteletual y así compiten entre sí, todas tras el mismo objetivo. Unas se rebajan al concreto lodo de los submundos y la impudicia y las otras se elevan al cielo de la fantasía y las abstracciones. Unas son sombra de la crueldad y otras son sutiles luminarias de un teatro del absurdo. En el intervalo está el drama de la realidad, a veces cruda, "a punto" o demasiado cocida. Como los bifes argentinos.
Se recuerda que los fondos se destinarán a acciones de inmaculados fines benéficos, tales como el mantenimiento del hogar para mujeres golpeadas, la reparación de la sala de eventos de la cárcel de encausados y la casita donde se alojan los niños abandonados.
Se abren las apuestas, que la función está por comenzar. 

domingo, 19 de marzo de 2017

Escarceos

 Menuda tarea la del poeta, cuando cuenta con las emociones al ras de la epidermis, como los pelitos que se levantan con un roce a contrapelo, o cuando muestra las heridas que la sal del mar irrita. Tiene a los personajes, pero no tiene la trama, debe darle carnadura al relato. Por ahora, son sólo divagaciones que quedan plasmadas en el título. 
Dícese de los movimientos en la superficie del mar, pequeñas olas que se mecen hacia uno y otro lado por las corrientes subterráneas. También se dice de las cabezadas de los caballos,  hacia arriba y hacia abajo, o los giros que dan resoplando, cuando están fogosos. Poco a poco, iremos adentrándonos en la historia. Por ahora, son sólo cuatro sílabas: es - car -ce- os, que se mueven sobre una barca que boga en un lago tranquilo, pero que se agitan desde las profundidades.
Con cuatro frescas le han dicho imprudente, indiscreta y entrometida, además de impaciente. Pero ella no se ha quedado impertérrita, ni imperturbable, porque no es una placa de mármol fría y rústica, lista para ser moldeada a gusto del artista; al contrario, es impulsiva y cerril, que salvajemente se puede acompasar a un cuerpo que le prodigue cálidas miradas, palabras tiernas y dulces caricias. Porque, tampoco es intangible, pero es impetuosa, implacable, a veces, cuando se enoja, y es hasta impúdica. 
Y qué decir de la cacofonía de tantos prefijos que indican negaciones, aunque recuerdo que la negación de la negación, al final es una afirmación. Y sí, después de todo, las cuatro frescas no serán la última palabra. Es auspicioso un próximo encuentro. Ella espera a puro impulso, cómo el otro, el de las cuatro frescas, suavice su temperamento salvaje con un guiño, con tres diminutivos cariñosos y cuatro toques suaves, y la amanse. A la vez, mientras tanto, ella, la imprudente, irá buscando la manera de que él se enamore. Quitará la capa de óxido de su pecho, diluirá con su labios la acidez de sus ironías, rascará la costra dura de sus emociones, y así, capa tras capa, irá buscando su ternura, entrará en su silencio, y adivinará sus deseos, esos que sabe, son atrevidos, pero que él no se anima a manifestar.
Un susurro de colibrí detrás de la oreja.
Una música de terciopelo en los cabellos.
Un escozor de lágrimas que se han secado en los párpados.
Un aleteo de mariposas en el vientre.
Un coscorrón de narciso recién robado de un jardín.
Un guiño y una sonrisa sellados en el pacto de guardar secretos en el alhajero de cristal.
Un rubor de amapola en los besos de la brisa.
La barca se ha agitado en la superficie de las aguas, una escaramuza, un temblor inusitado y brusco al encontrar el lado oscuro de la luna y ahora, nuevamente, boga en calma, mientras la luna muestra su lado más brillante sobre el lago quieto. 

domingo, 12 de marzo de 2017

Historias con picardías

Doña Isolina, que así se llama la viejita de los ojos opacos que no ven y por su cara ruzan miles de arrugas, se mece en su sillón, mira a la distancia y ve imágenes que la hacen sonreír. -¡Eh, Tina y Enzo, vieni qua, a mangiare!-grita.
Su vecina, doña Rosa, como todos los días, acerca una silla junto a la vieja y conversan.
-Vine con los dos nietos para sacarlos de esos jueguitos electróinicos. QUiero que orran, inventen juegos, que se diviertan de otra manera, que se suban al paraíso y que vayan a cazar chicharras...
-Ahora ya no está, pero me acuerdo de esa nena, Lili, que vivía acá a la vuelta. Era la única nena del barrio. Todos varoncitos, pero ella parecía ser la cabecilla. -Vamos a la placita rompidita- decía y ellos obedecían. Se colgaban de las cadenas, se balanceaban, hacían piruetas en el trapecio, y muchas veces se caían desde arriba. Ella andaba siempre con las rodillas rotas y los brazos arañados. Su amá, la perseguía con un algodón embebido en té de malva para que cicatricen las heridas y de vuelta a casa. ¡Qué niña traviesa!
-Sí, parece que desde la cuna era pícara. Todavía la veo de la mano de su papá, dos o tres años tendría, que la llevaba a la cancha. Iba con una pollerita roja a cuadros, tableada y a cada paso, las tablas se abrían. Era chueca, porque se había parado muy pronto en el corralito. Se ve que estaba como prisionera. Más tarde, a fuerza de masajes con talco, enderezaron esas piernas. Su mamá, que era modista, confeccionaba unos lindos modelitos y ella los lucía muy coqueta entre los varones. ¿No tenía hermanos?
-Fue hija única hasta los doce, después nació Robertito. Me acuerdo que mientras los nenes jugaban a lo bruto, ella se subía a los paraísos y los veía jugar a la pelota y patearse, o pegarse piñas. Ella, desde arriba, enhebraba los pistilos de las flores de paraíso y se armaba unos lindos collares perfumados. Ose dedicaba a tirar las semillas de los plátanos sobre las mantillas de las devotas que iban a la misa. También ataba con un hilo a las chicharras que aturdían en las tardes de verano. Les ponía un hilo por la cabeza y las dejaba volar y chirriar. Era experta en agarrar las verdes grandotas, que hacían un sonido más agudo. Luego bajaba y proponía jugar a as bolitas (hoyo y palma) o a los pistoleros y a los indios. 
-¡Ah, sí, una nena terrible. Berichina!. Una vez intervine para separarla, porque Jorgito, cansado de sus burlas. ¡Orejudo! ¡Orejudo!, la agarró del cogote hasta ponerla azul... yo la salvé. La Mona le decían. Otras veces iba a las zanjas a buscar huevitos de ranas para pescar en la laguna. Los chicos le tiraban ranas, pero nunca la alcanzaban. Me acuerdo que muchas veces su madre la buscaba, porque se había escapado a la hora de la siesta y allá estaba, corriendo carreras en bicicleta con los muchachos. Le quedó una cicatriz en el nacimiento de la nariz, porque frenó con los dos frenos en una esquina y se cayó para adelante. otras veces, paseaba muy oronda sobre la burra Catalina. Iba en ancas y la llevaba a pasear el hijo del gitano. ¿Se acuerda?
-¿Ve, doña Isolina? QUé vida más sana hacían los chicos de antes. En la escuela la maestra contaba que Lili era muy participativa en los actos escolares. Recitaba, cantaba en el coro, actuaba en algunas escenas de as fiestas patrias, bailaba zambas y chacareras. Y también ayudaba a los varones del grado para asustar a la profesora de música. Le movían desde atrás el piano, o le ponían un sapo sobre el teclado, y cuando abría la tapa, el sapo le saltaba encima. Yo digo, bien hecho, si esa maestra era muy amarga, y los chicos se vengaban. ¿No cree Ud?
-¿Vio que vino ese gerente nuevo de la fábrica de quesos, de Alemania? Bueno, las hijas iban a la escuela pero estaban eximidas de ir a las clases de religión o de catequesis porque ellos eran protestantes.. entonces Lili, se escondía detrás del busto de Sarmiento, y no entraba al aula, se quedaba con las chicas a jugar. Cuando pasó la comunión, estaba muy bonita con un hermoso vestido de plumetée que había confeccionado su mamá, pero, como se portó mal en la misa, las monjas la echaron atrás, y fue la última en tomar la comunión. Ella sabía que no había que morder esa pasta, porque era el cuerpo de Cristo...
-¿Y más grande, siguió igual?
-Sí, me contaban mis nietas, que en un pic-nic de la primavera, un chico le dio a Lili el primer beso... entonces ella después reunió a todas las chicas del grado y les contó con lujo de detalles esa experiencia inolvidable. Después, fue memorable, las vecinas contaban, que en una fiesta de 15 años, el papá la sacó a empujones y la corrió con la alpargata, porque la encontró bailando con Ricardito, y ella no tenía que bailar, estaban de luto, porque había muerto la abuela Margarita. ¡Mala suerte!
-En la escuela comericial, también hacía trapisondas... Por aquella época las chicas se peinaban con un jopo agarrado con una hebilla y todas se parecían. Se hacían muy compinches. Una era muy buena en Lengua, y la otra, en Inglés, entonces, cuando las llamaban a dar lección, una iba en lugar de la otra, y las profesoras no se daban cuenta, y se sacaban buenas notas. Una sobrina me contaba más aventuras de Lili, dicen que cuando tenía 14 años, más o menos, todavía no se había desarrollado y las otras sí, entonces, rabiaba y para parecer más grande, iba a fumar con las más grandes en el recreo, escondidas en el baño, total, después mordían hojas de ligustrina antes de entrar al aula, así disimulaban el olor. Cuentan también que, comandadas por Lilia, lo mareaban al profesor de Contabilidad. Se usaban guardapolvos blancos y cortos. Cuando venía la evaluación de fin del cuatrimestre, las chicas, cruzaban y descruzaban las piernas en primera fila. El tipo ponía los ojos bizcos y al final, aprobaba a las chicas y mandaba a examen a todos los varones. En los veranos, su mamá quería que aprenda a coser, pero ella se iba a vagabundear o se pasaba el día en la pileta del club. Más tarde, comenzó a trabajar allí, y también entrenaba para los torneos de natación. ¿Era gordita, se acuerda?
-Sí, vecina, esta nena era increíble. Después se fue a estudiar, y no la vimos más, dicen que se escapó de la casa y se fue al sur, a vivir allá con un hombre mayor. ¿Qué habrá sido de ella? Debo irme ya. 
-¡Chicos, vamos! Les va a doler la panza de tanto comer esos duraznos calientes. ¡Vamos!

miércoles, 22 de febrero de 2017

Labio, astrolabio y besos angulosos

Allí está el papelito arrugado, abollado en el fondo del cesto, donde van a parar las cosas inútiles, los poemas inconclusos, los algoritmos equivocados. Cuando está a punto de sucumbir, viene como una salvación, desde la ventana abierta, un viento suave que acerca a una mariposa multicolor. Ella lo mira, y en un soplo y un arrullo se levanta y lo acoge, presurosa. Luego, vuelan en las alas de la poesía.
Ella, la mariposa, antes era opaca y se había entumecido en la escarcha de las frías mañanas. Pero más tarde, un viento cálido la socó de ese rincón oscuro del submundo de las escaleras. Y así, papelito y mariposa, vuelan a pesar de la clepsidra, el cronómetro, la brújula y el astrolabio. Se dejan llevar en los pozos de aire, se deslizan por un tobogán y se elevan en un beso. Un sextante mide los besos angulosos y luego van cayendo, peligrosamente.
Pero no, ahí hay dos manos qwue guardan en sus puños, como dos secretos, los hilos de dos barriletes en busca del sol y la libertad. Una cometa fabricada en torno al papelito arrugado, y la otra, con silueta de mariposa, atrapada antes de que se destiñan los colores y un viento inclemente, le quite el polvo maravilloso de sus alas.

¿Y ahora, qué es esa gota en la esquina de las pestañas? ¿Un suspiro de rocío? ¿una nostalgia a punto de resbalarse por una mejilla muerta de frío? No. Enseguida llega él al rescate, con una canción, sorbe la lágrima y de nuevo, sudor sobre sudor, vuelven a ascender ambos en una danza etérea, para perseguir sus sueños.

sábado, 18 de febrero de 2017

De imprudencias y curiosidades

Debo aprender a ser prudente. Es que pregunto, requiero, curioseo y sólo obtengo evasivas. Son códigos numéricos encriptados, figuras geométricas que pueden encastrarse, si probamos, besos angulosos, números primes que juegan y destinos que se cruzan y se descruzan, como las algas voluptuosas en la marea alta. Son eufemismos que se van por el tobogán de la tangente, o son las piruetas de los monos que escapan por las ramas y las lianas. Él sí obtiene respuestas y yo hago la misteriosa dama y coqueteo, sugiero, provoco, hasta tensar la cuerda tras las sedas de un vestido transparente. 
Las cuatro letras quedaron titilando en la pantalla del monitor. CHAU. Como si un portazo repentino hiciera vibrar los cristales; a través de la ventana se ve caer la lluvia mansa y pareja, que embelleew el follaje de los árboles al anochecer, y la pradera; por momentos, una ráfaga impetuosa me deja ver a un hombre y su perro que caminan por una plaza soleada, inmersos en el rumor de una ciudad lejana.
La interrupción sorpresiva de la charla deja oír un eco en las rocas altísimas de mis montañas:
-mujer madura... dura, dura
-ojos azul pizarra... arra, arra
-piel cetrina... ina, ina
Hoy veo con los ojos azul pizarra de la nostalgia, huelo el aroma del café o del pastel recién horneado y escucho los ecos de una conversación:
-la cabra tira al monte... onte, onte
Unas cuantas diferencvias hay entre ambos, la sangre, la edad mediana, la edad madura, el alto sol, las nieves eternas, el mar profundo, las rocas agrestes. Pero, ¿por qué ver sólo diferencias, si son más las delgadas uñas de la afinidad, que se hunden en la piel, si el hálito de las bocas se sumerge en un mar salado y tempestuoso, si las manos maravillosas dibujan castillos de arena que no se derrumban, si los ojos descubren ignotos paisajes en la profundidad de las almas, si los labios se funden en una laguna de verano o en un campo de alfalfas, si el olor de los cuerpos sudorosos flota como un veneno plácido sobre la almohada y sueño, soñamos en camas distantes que se enfrían en la madrugada?

martes, 14 de febrero de 2017

De palabras e interpretaciones



De palabras e interpretaciones
A veces una lee de apurón, trastoca sílabas o letras y confunde todo. En una ocasión había leído “Corre, Marx” y enseguida pensé, ni muerto se queda quieto, corre, salta el muro, se tropieza, mete un pie en una grieta, vuelve a trepar… y claro , la caída de las ideologías, y la globalización… y… Volví atrás. No era Marx, decía “Corre Max” Los perseguidores ya le pisaban los talones.
En esta oportunidad había leído “aldaba”. Entonces comencé a hacer las relaciones pertinentes. Sí. Aldaba es un llamador de metal. Me hizo acordar a un político corrupto que lucraba con los mensajes de correo, y como las ganancias eran muchas, la sociedad se llamaba “Aldabón. S.A.”  Súbitamente, vino a mi memoria el estudio de la etimología de las palabras, la búsqueda de significados por el contexto y los siete siglos de la influencia árabe en nuestra lengua castellana… Las palabras que comienzan con “al” son moriscas, al-andaluz, alambique, alquimia… y no quiero hacer más alharaca. Los vocablos con h intermedia son también árabes, decía una profesora con los ojos color de la albahaca.
¡Pero bueno! Siempre me voy deslizando por las ramas. No puedo evitarlo. El asunto es que la nueva novela que presentaron se llamaba “La señora de la albada”. Como no podía asistir, ni conseguir el libro, recurrí a mis habituales razonamientos, que son por demás beneficiosos para poner en funcionamiento las neuronas y agilizar la mente.   Si alameda viene de álamo, albada viene de alba. Dos sustantivos colectivos que expresan un conjunto y son ambas, de origen árabe.
Más tarde pienso: si la señora es muy afecta a andar en la albada (en muchos amaneceres, todos los días) debe ser una mujer muy audaz, que se arriesga a transitar la noche de punta a punta, esquivando los peligros de toda clase, se apasiona y sufre por amor, hasta que finalmente, llega a la mar, que es el morir.  Ya lo decía el poeta granadino, la gitanilla es Soledad Montoya, que tiene una pena amarga. Seguramente llora y el desconsuelo es la pérdida de un amor.
En un rato intentaré recrear la trama y dibujar a los personajes. Por el momento, prefiguro su retrato. Ahí va la señora de la albada, como una loca corre y sus largas trenzas azabaches se enredan en las retamas, en los espinos, en los cardones. Debajo de la falda blanca de fino hilo se adivina la piel tersa y morena. Se humedecen sus ropas y se ensucian en la carrera y ella respira los vahos nocturnos de las estrellas que languidecen. De sus ojos negros como tizones ruedan lentas perlas de rocío. Huele aún al sudor de los forasteros y al amargo tabaco de la soledad y el vino. Corre y tiene una pena negra como la noche, que ya se cuaja en el clarear del horizonte. ¡Una pena honda la desconsuela y corre, corre!